I.- Los Ojos Vacíos
por PRI ARMSTRONG
- Llegas tarde otra vez
- Es extraño que tú lo digas.
- No podría hacerte esperar - contesté con una sonrisa algo irónica-.
- Tienes razón, no te sería conveniente - dijo apartando una silla para sentarse-.
- ¿Ah no?
- No; podría tal vez adelantarme.
- ¿Me amenazas? - dije posando la taza humeante en mis labios-.
Rió.
- Ciertamente sabes que uno de estos días no podré llegar tarde
- No, claro, órdenes son órdenes. Fin del juego. Pero hablemos de otra cosa misteriosa dama ¿o debo decir hoy fiel y atractivo amigo?
- Como quieras, hace tiempo que ya pasé esa barrera Pero creo que hoy me estás mirando - dijo arrastrando la última frase-.
- Está bien dije sosteniendo el pequeño juego que empezaba- pero a ver, mmm, déjame ver creo que estás más pálido de lo normal, aunque debo decir que sí, puede que te esté mirando.
- Lo nuestro es imposible, querida dijo poniendo cara de melodrama- lo sabes ¿es obvio no?
- Aaagh.. sabes que odio que me mires así, que TÚ me mires así; me traspasas todos tus escalofríos
-Ya, ya ¿Qué estás tomando?
El día estaba especialmente gris.
- Café.
Me mira, así, de nuevo.
- Eso tomaba ella mientras la esperaba, cuando fui a buscarla ni yo hubiese podido impedir esa tristeza inmensa - Sus ojos vacíos se ensimismaban casi dentro de mi taza de café -.
Y a mí, a mí el corazón me dio un vuelco, abrí mucho los ojos. Cada vez que escuchaba algo semejante a lo que le pasó a ella, era como si volviera a vivirlo
-Sé que no te gustan, pero es mi digamos, mi trabajo, y aunque así lo creas, cada uno de ellos, cada uno de los que voy a buscar, me sorprenden porque porque hasta yo, estoy vivo en cierta forma.
Pierdo su mirada. Por un instante, se ha ido.
-Trabajo es trabajo le digo tratando de sonreír y traerlo de vuelta-.
-No, no. Eso es lo que soy. Estoy desde el principio, soy como decirlo uno de los socios fundadores.
-Sí, era una forma de decirlo Bueno y aparte de tener el placer de verte una vez más sin el motivo final, ¿a qué debo tu llamada?
-Cierto, directo al grano, aunque ten en cuenta que también te llamo porque eres una de mis favoritas
-Lo que no me servirá de nada de todos modos.
-Nuevamente, cierto. Pero no hablemos de eso ahora querida.
-Nunca vas a decírmelo ¿cierto? Aunque yo quiera saberlo
-Nunca.
-¿Ni siquiera podrías avisarme? No pido mucho tiempo antes -rogué-.
-No, mujer. Pero tú tal vez te des cuenta.
-¿Y entonces, de qué me sirve tener contacto contigo?
Sonríe y me mira.
- Disculpa, linda, el contacto lo hago yo contigo.
Era verdad. El mundo se posó sobre mi estómago.
Y ya no me parecía guapo, me pareció odioso e insoportable.
- Muy bien, entonces, ¿qué era lo que querías?
-Quiero que me cuentes sobre el lugar dónde vives.
-¿Cómo, perdón?
-Sí, sí, el lugar dónde vives, cómo es, dónde queda, quién más vive ahí, qué te gusta, qué no, por qué te quedas, cuándo te vas
-¿Vas a decirme que me llamas para preguntarme eso? ¿No deberías saberlo?
El calor del miedo sube por mis mejillas.
-No tengo por qué saberlo ahora.
-Me vas a ir a buscar ¿es eso?
Sostengo su mirada vidriosa.
-Escucha, por última vez, eso, jamás te lo avisaré ¿entiendes? Entonces, ¿podría usted Señorita responder y describirme todo lo que le he preguntado?
Hago una seña y pido la cuenta. Ahora, aún, tengo miedo.
-Yo invito digo yo y me paro y me marcho, casi corriendo por la avenida, sintiendo sus ojos de nada, sobre mi nuca como si pudiera escapar, como si pudiera no sentir ese escalofrío- me digo no sé por qué, porque todo eso ya lo sé, y trato de esconderme entre otros que no son él, entre otros como yo.
Y el coqueteo se fue a la mierda.
©Copyright - Priscilla Armstrong - 2006
Los Ojos Vacíos; Pricción; Pri Armstrong
Los Ojos Vacíos; Pricción; Pri Armstrong
.
0 comentarios