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LA COLUMNA DE PRI

La frase célebre de hoy...

por PRI ARMSTRONG

[publicado en galeón en octubre de 2005]

Y dice: “Y hay mucha rabia suelta y angustia nena, y hay mucha mucha desesperación, la-puta-madre queee los remi-parió, por qué nos cueesta tanto el amooor”. Gran frase de, una vez más, el Sr. Páez. Una frase fuertísima, con garabato y todo; una exclamación de cuestionamiento, dolor, reclamo, llamado de atención, toma de conciencia. Es lo que yo me pregunto recurrentemente y lo que me imagino, muchos se preguntan también.

Y era lo que yo pensaba una noche después de una conversación con “el que no debe ser nombrado” (tipo Harry Potter, pero es para que después no me reclamen por usos de identidad), convertida en un verdadero marciano porque a pesar de todo el amor, al parecer sólo emitíamos sonidos desconocidos que no lograban comunicarnos, así como hablar en otro idioma; o puede que nuestras líneas hayan estado cruzadas o saturadas; lo bueno es que tenemos la voluntad de que eso no se transforme en la tónica.

Bueno. La cosa es que me puse a pensar en la historia de nuestras vidas a este respecto, y concluí –brillantemente- que no ha sido simple. Recordemos, por ejemplo, la adolescencia.

Con el reconocimiento de nuestro torpe cuerpo, los nuevos rasgos de personalidad, la aparente total incomprensión del mundo que nos rodea, las espinillas, un ramo rojo y la mala barra de algún profesor, teníamos bastante. Sumémosle a eso, el redescubrimiento del sexo opuesto, más allá de nuestros primos y primas y/o hermanos. Una gran aventura o un gran y rotundo desastre.

Para esto, comenzamos a entrenarnos: aprendemos a bailar (cómo bailar “lentos” y no morir en el intento), a vestirnos según algún parámetro que nos salvara de ser relacionados con lo nerd / perno / gil / asopado, lograr que nos sacaran a bailar o sacar a alguien, pertenecer al grupo top (grosso) del momento, relacionarse con las debidas influencias, ser parte de algún “junteo” y para ello conseguir el bendito permiso de los padres y apoderados. Acuérdense no más. ¿Todo para qué? Para conocer a quien nos interesaba y llegar a algo con él / ella, para reconocer los besos, los primeros toqueteos, recibir el osito de peluche y la carta de amor del primer mes (todavía no le hacíamos al mail). Pero en general, las hormonas centraban la atención en la misma persona aproximadamente tres o seis meses, cuando mucho. Luego la vista se posaba en otro objetivo. Y si a uno lo pateaban, lloraba un rato, se sentía el ser más desgraciado del mundo y terminaba autoconvenciéndose – con ayuda de las amigas – de que él se lo había perdido. Y a la carga de nuevo.

Ya en el nuevo gran mundo de la Universidad, la vista se regocijaba con el amplio mercado de posibles candidatos para divertirse, salir, andar y en un caso especial, pololear. Por otro lado, hay que andar preocupados de que estamos cien % seguros de la carrera que elegimos porque es nuestro futuro, del ramo que nos estamos echando, las fotocopias, los apuntes, las fiestas mechonas, etc. Y el gran tema de la primera vez - hablo en general, para muchos esto ya había pasado en el colegio tal vez – un tema horroroso por lo demás, porque todavía no conozco a nadie que me haya dicho que haya sido igualito a sus sueños ideales. Desde allí pasamos al tema del sexo, ingrediente que se suma a los requisitos de “encontrar a ese alguien”, pues todos sabemos lo importante que es en una pareja para estar unidos, felices, vitales y sin mirar para el lado.

Me parece que las relaciones que empezamos a entablar en esa época, buenas o malas, nos enseñaron en alguna medida que el amor ya no era tan fácil como parecía, e incluso pudimos entender algo de los problemas de nuestros papás; comenzábamos a tener más claro qué era lo que queríamos para cuando fuéramos dos. Viviendo dentro de este contexto, fue cuando una de mis amigas (una vez más no voy a hacer referencias directas porque, repito, hay gente que se ofusca), me contó que había estado pensando por la cantidad de hombres (o mujeres en cada caso) y besuqueos por los que uno pasaba antes de quedarse decididamente con alguien; que lo encontraba tan básicamente animal, que hasta le había dado un poco de asco de sí misma, porque lo había hecho como cualquier otra persona. Y le encontré algo de razón. Era lo que yo pensaba algunas veces cuando me paseaba por las fiestas y veía a gente que ni se conocía o ni se gustaba, agarrando como si el mundo se fuera a acabar. Claro, puede que se pase bien, pero si se analiza con altura de mira, no es tan raro pensarlo de esa manera.

Y así, mientras encontrábamos “ojos que aprendan a mirar, labios que quemen, sabios que enseñen a besar, delirium tremens”, como dice el genio de Joaquín Sabina, viva la vida, los viajes, los amigos, el carrete. No es malo.

Salimos de la U. Y al mundo laboral se ha dicho. Supongamos que por fin estamos poniendo en práctica lo que queríamos ser. Bienvenidos al mundo adulto y a todo lo que sabemos que esto implica: preocupaciones, cansancio, compromisos, un poco menos de carrete o aguante y mil etcs más. Tal vez un proyecto de vida más definido para acordarnos de qué es lo que estamos buscando.

El problema en este punto es (hablo por mi género, lo siento pertenezco a él) que cuando las mujeres pasan la barrera de los 25 años, se transforman automáticamente en los enemigos por excelencia de los hombres de esa edad para arriba (comentario aparte, me parece que muchos de ellos al ir cumpliendo años involucionan). Y claro, a las mujeres se les va el tren, mientras que los hombres se convierten simplemente en ‘solteros interesantes’, obviamente codiciados por todas aquellas que corren tras el tren. Pobrecitos ellos que quieren ser “caZados” por las mujeres, que según la mitología masculina, son unas brujas que andan con el vestido de novia en la cartera ¡corre que te pillan! Por favor queridos y queridísimas, la época de las cavernas y la caza ya pasó. Hay hombres y mujeres para todo, uno sabe con quien se mete ¿O no? Y al final si hemos encontrado la combinación que más nos ha gustado y estamos felices y/o enamorados ¿Qué tanto con pololear, vivir juntos o casarse? Aunque me parece, según otras declaraciones, que en estos últimos casos, más que decidirse, se siente... porque a lo mejor lo que quieres para tu vida ya no es dormir en otra cama y despertar solo (y bueno, compartir las cuentas...).

No, en serio; el mundo está cada vez más lleno de personas tristes, frustradas y tremendamente solas, con relaciones que les pesan más que la conciencia y para las cuales ya no funciona ni el lenguaje a señas para comunicarse. Ojalá jamás dejáramos que las cosas llegaran a ese punto tan destructivo, pero a veces pasa. Por lo menos se aprende. Entonces, juguémonosla entera por el otro al que queremos, dejemos de temer, y si nos sentimos cerca de alguien abramos la oportunidad para que quieran “ver nuestra risa, besar nuestra boca y arrancar el diablo de nuestro corazón”, como dice más o menos, la otra parte de la misma canción de Páez.

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