Post parto, post Vilches
por PRI ARMSTRONG
[publicado en galeón en diciembre de 2005]
- Pri ¿Qué onda? ¡Te llamé hace 20 minutos y estabas en tu casa! ¿Te viniste volando $#&%?
- Algo parecido, delirios de fórmula 1 de mi apoderado. Eliseo, una alpargata. Casi pierdo la vida por llegar al bus...
- ¿Y, nos mentalizamos ya?
- Ver para creer amigui. No he dimensionado.
Así me embarcaba hacia mi nuevo destino de monitora de tiernos niños de 6to básico, contratada por Proactio, la nueva empresa de programas outdoor para colegios y empresas que había descubierto mis talentos, pero que justo me tenía que destinar a la parte de los retoños.
Y ya que estaba en un cómodo asiento de bus, a la durma se ha dicho. Cuando logré reaccionar, estaba frente al refugio estrella, el Biota Maule, que más parecía una casita de chocolate en la mitad del bosque como lo dijo un diario local- que el hogar de proyectos medioambientales. Me empezaba a gustar.
A la hora, cantábamos a grito pelado con el resto del equipo, abrigados hasta las orejas sin que ningún vecino viniera a reclamar por el ruido (nos separaban como mínimo 500 mts. Fantástico). Luego de eso, la noche estuvo media complicada porque todos descubrieron que yo hablaba durmiendo, y la Ana juraba que se la llevaban los ovnis, por lo cual no había caso que soltara mi saco de dormir.
Al día siguiente comenzaron los preparativos para la gloriosa llegada de los pequeños aprendices del bosque. Uno de ellos, fue salir volando de la casita de chocolate con todos nuestros pobres bártulos porque no cabíamos, pobre monitores; así que nos fuimos a un lugar que denominaré R, para no dejar mal a nadie. Llegamos a aposentarnos y ¡oh sorpresa! Si los hermanos guarenes no vivían ahí, era un milagro. Pa llorar. Bastó una mirada entre la Ana y yo para saber que como mínimo había que bañarse en cloro o en una maniobra de salvataje, pasar un par de esponjas con detergente, más otros productos varios de desinfección. Como yo y la Ani nos acomodamos en general a lo que venga, comenzamos con la tarea, cantando el himno del lugar, que rápidamente obvio, la Ana- había elegido para las circunstancias: A mí me gusta el tangananica, y a mí me gusta el tanganananáaaa... gran éxito de 31 minutos. Y para que decir qué pasó cuando llegamos al baño... solución, su buen par de chalas y a cerrar los ojos frente a la fauna imperante.
Mientras estábamos en esta tarea, comenzábamos a idear las estrategias de domesticación a seguir para cuando llegaran nuestros queridos grupos. Y llegó la hora. Más bien la avalancha, porque esa masa que se bajó de los buses no parecía otra cosa. La cuenta iba más o menos así:
Niños: 80
Profesores de vacaciones: 5
Monitores, jefes y biólogos entrando en colapso: todos
Resumen: al tercer día nos queríamos matar
Frase para el bronce: la contienda es desigual. Grande Arturo, tenías toda la razón.
Niños urbanos indomables, resistentes a los encantos de la naturaleza, jornada laboral interminable (para evitar cualquier tipo de masacre, imposibles dejarlos solos), todo lo cual se manifestaba en las monitoras mediante un pequeño tiritón en el ojo, baja tolerancia hacia la autoridad (jefes), síndrome de abstinencia de nicotina, bajas expectativas de vida a corto plazo, conteo regresivo de días al estilo preso, probables acciones legales contra la empresa, formación de gremio y posible golpe de estado, entre otros.
![]() | La cabaña de BIOTA MAULE, centro de educación comunitaria, investigación biológica y turismo ecológico, en VILCHES, Región del Maule, aproximadamente a 50 kms. al este de la ciudad de Talca, Chile. |
Después del concilio entre obreras y patrones, pudimos llegar al acuerdo de que, en general, la gente necesita comer, ir al baño, dormir y esparcirse una media hora: después de eso, pura buena onda, recobramos los sentimientos y viva la amistad. La clave, reconocernos (todos) como seres humanos y unir las fuerzas para contener a los hijos del "reguetón". Hermoso. De esa forma, ya no llegaríamos a la noche con delirium tremens, pretendiendo que si apretábamos mucho el cordón del saco de dormir alrededor de nuestras caras, íbamos a parecer flores. Algo lindo que nos pasara en el día.
Una de las estrategias de contención para esto, fue instalar un correo del amor, donde desobediencia, gritos y lata se acababan frente a los nervios de recibir una que otra declaración de amor o amistad. Era cosa de agarrar el tarrito con las cartas, prender el micrófono y ponerse a leer las misivas, en su mayoría anónimas. Nos faltaron las puras alitas de cupido.
Desde esos días, a pesar de que gritaba como loca de la cabeza a toda hora para que mis niños ganaran algún punto en las competencias (otra estrategia principal para mantenerlos interesados), me di cuenta de que estaba aprendiendo. ¿Saben? Ya no es tan común tener ese sentimiento en positivo... yo ya sabía que me gustaban las plantitas, pero esto era amor. Biólogoman, Luis Valladares y biólogagirl, Anita Aguilera, eran mis nuevos ídolos juveniles. Más encima eran marido y mujer. Perfecto. Romantiquísimo. Unidos por la clorofila.
Aprendí, con todo el permiso de los ciruelos y plátanos orientales que reinan en la ciudad, que no hay como los coihues y los robles. El canelo, el avellano, el lirio del campo, la chaura, el michay, la zarzaparrilla, con el perdón de todas las plantitas decorativas de la capital, son maravillosas. ¿Han visto alguna vez un nido de picaflores? ¿Con ellos dentro? ¿Un insecto magnífico que se llama luma, que los coleccionistas pagan en dólares en internet y que nosotros, queridos compatriotas, tenemos escondido en el bosque? ¿Sabían que un guardaparques de la Conaf, sabe tanto como un profesor de la mejor universidad? ¿Se han dado cuenta de que fuera de Santiago hay casi un mundo paralelo, lleno de gente abierta y sencilla, de rastros de nuestros antepasados, sombras que miran, vientos que son respirados una y otra vez, aromas que siguen aturdiendo a los hombres, como aturdían a los primeros españoles, tal como lo dijo García Márquez en uno de sus discursos? Yo lo sabía. Pero no lo recordaba.
Creo que algo de todo eso lograron aprender los niños, que al fin se dieron cuenta de que esto no era un resort y que además de aprovechar el bosque, tenían más tiempo para conocerse entre ellos, llegando a llorar una tarde entera casi porque en cuarto medio no se iban a ver tanto como ahora, que manera de llorar Dios mío.
Y llegó el último día y siguieron llorando. Pero ahora porque en cierta medida los habíamos domesticado, igualito al zorro del Principito, porque sin darnos cuenta habíamos creado lazos. Eran bien difíciles, pero es inevitable no contagiarse de sus restos de niñez y volver a jugar y reír como si ninguna preocupación existiera.
Así que después de todo, además de pasar un tiempo en el Sur que ya es harto, aprendí muchísimo de plantas y primeros auxilios, conocí los cerros, hice nuevos amiguis y renové las energías. Ahora pienso que yo debería haber pagado por el famoso paseo. Está claro que así nunca voy a ser millonaria, pero al final, a quien le importa si en vez puedo vivir mi vida aprendiendo, amando, bailando, escribiendo; recibiendo lo que ella me quiera dar, incluso los miedos como el del otro día.
Gracias Pedrito y Gonza, jefes de Proactio, Ema, Andrea y Consu, monitoras amiguis, Seba y Javi, apoyo, Luis, Anita, Nayomi, Natasha, familia bióloga y mentores del Biota Maule, y, por supuesto, a mi partner de aventuras, Ani.

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