Me bajo del barco, ahora quiero nadar
por PRI ARMSTRONG
[publicado en blogger el 12 de junio de 2006]
Hace algunas semanas atrás, fui al teatro a ver una obra, adaptación de una de Alessandro Baricco, Novecento. En ella se narraba la historia de Novecento, un niño, hijo de inmigrantes, que había nacido en un barco y luego abandonado en él. El niño, prodigiosamente, creció junto a los marineros - siempre dentro del barco - y un día demostró que había aprendido a tocar el piano. ¿Cómo? No importa.
El punto es que llegó a ser el mejor pianista de la época, y hasta su barco llegó el más famoso de ellos en tierra, para batirse a un duelo de piano. Al conocerse, éste le preguntó a Novecento: Tú eres el que toca sólo si tiene el océano bajo el culo ¿Verdad? a lo que respondió Así es. Notable. Notable son los pianistas, notable es el mar, ominosos los barcos, triste la vida algunas veces ¿pero no bajarse de un barco?
Sólo una vez trató Novecento de bajarse de aquel barcohogar, para enfrentarse a la ciudad y bajó un, dos, contempló infinitamente, tres escalones lanzó su sombrero al mar, y se devolvió al barco. ¿Qué fue lo que Novecento vio, que lo hizo retroceder?
Tiempo después, debía darse de baja aquel barco como con todo en este mundo. Lo iban a dinamitar y, Novecento, no bajaría. En la conversación que tiene finalmente con quien narra esta historia, el amigo, Novecento por fin develará los misterios de su vida y se comprenderá así mismo, y también hará una herida hermosa, unas más, en la parte de nosotros que trata de comprender y aprehender para vivir y disculpen que parafrasee un pedazo
Ese, cuando explica, que no fue lo que vio lo que lo había detenido, si no, lo que no vio pues delante de toda aquella inmensa ciudad, había de todo menos un final; no pudo ver en qué lugar todo eso acababa el final del mundo y hacía imaginarse un piano, donde las teclas explicaba empiezan y acaban. Sabemos que hay 88 de ellas: sobre eso nadie puede engañarte. Ellas son 88, tú eres infinito. Eso a Novecento le gustaba, con ellas hacía el mundo, para él era fácil vivir sabiendo eso y preguntaba luego a su amigo si él había visto esas calles, si las había contado, eran miles, millares ¿Cómo os las arregláis para escoger una? Para escoger una mujer, una casa, una tierra que sea la vuestra, un paisaje para mirar, una forma de morir, todo ese mundo, ese mundo encima que ni siquiera sabes dónde acaba ( ) Yo, que no fui capaz de bajar de este barco, para salvarme bajé de mi vida. Escalón a escalón. Y cada escalón era un deseo ( ) un deseo al que decía adiós ( ) podía vivirlos, pero no lo conseguí Así es que entonces, Novecento, comenzó a conjurar todos y cada uno de sus deseos, como el de tener una mujer, por medio de la música, tocando una noche entera para una, una sola de ellas y cuando terminó su melodía y la mujer conjurada se levantó y salió de su vida, no fue solo ella quien salió, sino con ella, todas las mujeres del mundo.
Y así lo hizo con sus hijos, su tierra, sus amigos
Eso fue lo que hizo el gran Novecento, el mejor pianista del océano. La música fue su milagro. Desde ella, conjuró el mundo y encontró su manera de vivir y cumplió los simples deseos de su vida.
Ahora volvamos a lo nuestro, ¿Para qué todo esto?
La columna de Pri, fue para mí un deseo conjurado mediante las letras. Pronto el mundo dejó de asustarme, cada día menos, cada letra menos. Nací en la tierra y navego por las letras; pude enfrentarme por fin al infinito y sacar de un manotazo lo que creo que, al menos por ahora, no me serviría
elegí lo que hasta ese minuto había marcado mis ojos. E hice míos estados de los que antes ni siquiera imaginaba podía sacar algo virtuoso y sanador.
Ahora armo, entiendo, vivo el mundo según lo que soy y lo que quiero ser, nada extraño. Es tan bueno elegir, y es más excitante aún parase en la escalera de ese barco y mirar los millares de calles que tengo frente a mi, saber que si me equivoco, hay otra al lado que puedo volver a recorrer, puedo también elegir mil paisajes para mirar y sobreponerme al abandono, a la pérdida, a las lágrimas
en cada calle, en cada tecla hay una posible aventura, una risa, una personamundo para conocer
total, cada uno entiende el mundo como puede, ¡y yo ahora lo hago así!
Hoy, elijo otra calle, otro paisaje, otro escenario. Desde hoy, además de la columna, voy a jugar con la ficción transformándola en ¡Pricción!. Respetable público, hay más para ustedes.Y al igual que Novecento, yo jamás escribiré si no tengo un océano bajo el culo (o bueno, bajo mío), el gran y asombroso océano de lo humano y su poder de imaginar.
[publicado en blogger el 12 de junio de 2006]
3 comentarios
Princep -
Mascotas -
Sara -
me encantaria ver la obra de teatro!