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LA COLUMNA DE PRI

Con ustedes: Bartolo Star

por PRI ARMSTRONG

[publicado el 7 de agosto de 2006]

Increíble, inimaginable. He adquirido, hace un tiempo atrás, un auto, ejem ejem. Un 4 x 4 para ser más exactos, del ‘93’, pero un 4 x 4 al fin. No les voy a dar más detalles por el momento, porque de repente hay gente loca que se ensaña con uno y después va y se desquita con el pobre autito.

Así que bueno, la cosa es que al lindo de Bartolo le pusimos así con mi novio a los dos días de adoptado porque TENÍA que tener un nombre, así como el de la Cheli, ‘Biuri’, o la ‘fune’ de la Ana, etc., etc. Bartolo era un nombre con personalidad, que se nos ocurrió al mismo tiempo y que me rememoraba un par de buenas cosas más, así que, Bartolo te llamas mientras estés en mi poder.

A Bartolo lo conocí hace tiempo y la verdad es que siempre le había echado el ojo; era de un amigo –grande Teyo-, el que un día puso el aviso de venta por MSN. Casi me desmayé de amor, así que le pregunté cuánto le tenía que pagar para que fuera mío. Y me lancé. Saqué plata de por aquí y por allá –bueno, sí, me endeudé un poco, pero es que era muy buena la oportunidad- y terminé el negocio en una notaría celebrando con Coca- Cola Light.

Y partimos. Me cambió la vida, para qué les voy a decir una cosa por otra. Eso de demorarme tiempos récord de un lugar a otro es fenomenal. Además, es ultra rendidor, así que las cuentas de la micro son hasta más caras.

Ya lo tengo medio enchulado, le colgué un par de cosas, además de un par de santitos que me facilita la familia para la protección de Bartolo y de mi vida; tampoco es para que se imaginen la cola de zorro o el perro con la cabeza que se menea: jamás llegaré a eso, pero hay que pegarle su adornadita.

Junto a él, he descubierto usos efectivos para algunas cosas, como por ejemplo, el manos libres del celular. La verdad es que nunca lo usé caminando en la calle, y aunque aún no me acostumbro, ahora sí que realmente puede servirme, para poder conectarme con el mundo sin terminar incrustada en otro poste (lo siento, talla necesariamente interna). También uso el adaptador para cd’s, porque su radio solo le lleva ‘casec’ y un bastoncito que le pongo en el manubrio para que no se lo roben al pobre.

Bartolo es lo máximo, se gestiona solo; hace un tiempo, lo contrataron para ser la estrella de un comercial para Puerto Rico, con cambio de patente y todo, así que más encima, me ayuda a pagarlo. Estuvimos toda la tarde de apoderados, disfrutando de los sanguchitos del ‘catering’ y del show que hacían los extras a su alrededor. Se veía tan lindo frente a las cámaras… y así fue como se lanzó a la fama y adquirió el apellido ‘Star’.

Pero Bartolo también ha sufrido un par de atentados, no crean que no. Por ejemplo, sufrió las consecuencias de mi reemplazo de profe en un colegio; uno de mis angelicales alumnos, de pronto y en forma inexplicable, prendió fuego en una de las ventanas de la sala, a lo que yo por supuesto, respondí con una anotación en el libro y el aviso pertinente a los inspectores, los cuales terminaron de hacer el trabajo de reformación con el peque. Al término de la jornada laboral, me voy con una chorrera de cuadernos al auto y ¿qué es lo que veo? se habían vengando con el pobre Bartolito, porque la “desubicada de la profe los acusó”. Así que ahí estaba, lleno de barro y vacío de dignidad. Claro, como el pobre no puede defenderse. Cabros pelotudos. Menos mal que ya terminé mis funciones ahí.

Y la última gracia se la mandó un pavo que me chocó por detrás en una luz roja. Por lo menos él tiene la culpa. A ver si responde. En todo caso, seco Bartolo, apenas se rasguñó, hubieran visto como quedó el otro. Carne de perro.

Ese es Bartolo, BARTOLO STAR, demasiado acorde a mí; yo lo mimo, yo le hablo y él me responde. Les juro. Ya somos uña y mugre. Así que más que andar sobre un 4 x 4, ando con mi nuevo partner.



[publicado el 7 de agosto de 2006]


A photo on Flickr;;

A photo on Flickr;;

Me bajo del barco, ahora quiero nadar

por PRI ARMSTRONG

[publicado en blogger el 12 de junio de 2006]

Hace algunas semanas atrás, fui al teatro a ver una obra, adaptación de una de Alessandro Baricco, “Novecento”. En ella se narraba la historia de Novecento, un niño, hijo de inmigrantes, que había nacido en un barco y luego abandonado en él. El niño, prodigiosamente, creció junto a los marineros - siempre dentro del barco - y un día demostró que había aprendido a tocar el piano. ¿Cómo? No importa.

El punto es que llegó a ser el mejor pianista de la época, y hasta su barco llegó el más famoso de ellos en tierra, para batirse a un duelo de piano. Al conocerse, éste le preguntó a Novecento: “Tú eres el que toca sólo si tiene el océano bajo el culo ¿Verdad?” a lo que respondió “Así es”. Notable. Notable son los pianistas, notable es el mar, ominosos los barcos, triste la vida algunas veces… ¿pero no bajarse de un barco?

Sólo una vez trató Novecento de bajarse de aquel barcohogar, para enfrentarse a la ciudad… y bajó un, dos, contempló infinitamente, tres escalones… lanzó su sombrero al mar, y se devolvió al barco. ¿Qué fue lo que Novecento vio, que lo hizo retroceder?

Tiempo después, debía darse de baja aquel barco…como con todo en este mundo. Lo iban a dinamitar y, Novecento, no bajaría. En la conversación que tiene finalmente con quien narra esta historia, el amigo, Novecento por fin develará los misterios de su vida y se comprenderá así mismo, y también hará una herida hermosa, unas más, en la parte de nosotros que trata de comprender y aprehender para vivir…y disculpen que parafrasee un pedazo…

Ese, cuando explica, que no fue lo que vio lo que lo había detenido, si no, lo que no vio… pues delante de toda aquella inmensa ciudad, había de todo menos un final; no pudo ver en qué lugar todo eso acababa… el final del mundo… y hacía imaginarse un piano, donde las teclas – explicaba – empiezan y acaban. Sabemos que hay 88 de ellas: “sobre eso nadie puede engañarte. Ellas son 88, tú eres infinito”. Eso a Novecento le gustaba, con ellas hacía el mundo, para él era fácil vivir sabiendo eso… y preguntaba luego a su amigo si él había visto esas calles, si las había contado, eran miles, millares… ”¿Cómo os las arregláis para escoger una? Para escoger una mujer, una casa, una tierra que sea la vuestra, un paisaje para mirar, una forma de morir, todo ese mundo, ese mundo encima que ni siquiera sabes dónde acaba (…) Yo, que no fui capaz de bajar de este barco, para salvarme bajé de mi vida. Escalón a escalón. Y cada escalón era un deseo (…) un deseo al que decía adiós (…) podía vivirlos, pero no lo consegu텔 Así es que entonces, Novecento, comenzó a conjurar todos y cada uno de sus deseos, como el de tener una mujer, por medio de la música, tocando una noche entera para una, una sola de ellas y cuando terminó su melodía y la mujer conjurada se levantó y salió de su vida, no fue solo ella quien salió, sino con ella, todas las mujeres del mundo.

Y así lo hizo con sus hijos, su tierra, sus amigos…

Eso fue lo que hizo el gran Novecento, el mejor pianista del océano. La música fue su milagro. Desde ella, conjuró el mundo y encontró su manera de vivir y cumplió los simples deseos de su vida.

Ahora volvamos a lo nuestro, ¿Para qué todo esto?

“La columna de Pri”, fue para mí un deseo conjurado mediante las letras. Pronto el mundo dejó de asustarme, cada día menos, cada letra menos. Nací en la tierra y navego por las letras; pude enfrentarme por fin al infinito y sacar de un manotazo lo que creo que, al menos por ahora, no me serviría… elegí lo que hasta ese minuto había marcado mis ojos. E hice míos estados de los que antes ni siquiera imaginaba podía sacar algo virtuoso y sanador.
Ahora armo, entiendo, vivo el mundo según lo que soy y lo que quiero ser, nada extraño. Es tan bueno elegir, y es más excitante aún parase en la escalera de ese barco y mirar los millares de calles que tengo frente a mi, saber que si me equivoco, hay otra al lado que puedo volver a recorrer, puedo también elegir mil paisajes para mirar y sobreponerme al abandono, a la pérdida, a las lágrimas… en cada calle, en cada tecla hay una posible aventura, una risa, una personamundo para conocer… total, cada uno entiende el mundo como puede, ¡y yo ahora lo hago así!

Hoy, elijo otra calle, otro paisaje, otro escenario. Desde hoy, además de la columna, voy a jugar con la ficción… transformándola en ¡Pricción!. Respetable público, hay más para ustedes.Y al igual que Novecento, yo jamás escribiré si no tengo un océano bajo el culo (o bueno, bajo mío), el gran y asombroso océano de lo humano y su poder de imaginar.

[publicado en blogger el 12 de junio de 2006]

La vida es como una caja de chocolates (nunca sabes lo que te va a tocar) - Forrest Gump, 1994

por PRI ARMSTRONG

[publicado en galeón en marzo de 2006]

Y es así. Sacas uno y te toca una delicia, el siguiente tal vez, será una porquería. Un día aquí y otro ya no estás allá. Un día amas a alguien y de pronto, se fue. Un día en el sol, otro en la niebla. Las vueltas de la vida que le llaman.

El problema con la famosa caja de bombones, es que cuando te sale uno amargo, y otro y otro, has perdido “el toque” y desde ahí salen todos iguales. Las desgracias todas juntas, dicen que dicen. Y cuando uno está ahí, con el chocolate a medio comer derretido en la boca, no hay vuelta atrás. Y aunque busques otro sabor que reemplace el mal paso cada vez que lo sufres, el recuerdo y el escalofrío quedan igual patentes a lo largo de toda tu columna vertebral.

Y buscas el olvido, porque ya estás podrido. Entonces, te vas encerrando, por ejemplo, en una botella de vino.

Y comienzas el rito que empapa tu lengua en su mar de elixir púrpura y por un instante la copa es el mundo y te alejas del agrio dolor que encierra tu boca… que recibió lo que tú y tu mano escogieron.

Pero esa no es la solución, maldición; volvamos a la caja de chocolates.

Últimamente, me han salido distintas clases de bombones, por ejemplo, uno con relleno caribeño, pues mi humilde lapicito se abrirá un espacio en una revista de Venezuela, y en la misma línea, ahora fui a dar a una librería donde debo leer casi toda la sección infantil para saber de lo que hablo. De todas formas, aún no termino de amasar mi fortuna, así que allá vamos como siempre.

Otros sabores son bastante más desagradables, como esos rellenos de muerte, esos del signo de la calaverita, pero no de veneno. Para mí, muerte primero de mi vida sentimental, que por ahora quedó con esa rayita de los monitores de hospital “piiiiiiiiiiiii” – de los chocolates del 14 de febrero ni hablar - y luego la epidemia se extendió a la familia y otro bombón maléfico hizo que el tata dejara de luchar con su cuerpo y al fin lo dejara atrás. Ese es el único relleno que sabemos con certeza, llegará. No lo apuremos.

Todo eso fue extraño; la mamá no paraba de llorar mientras yo la abrazaba al son de esas melodías híper emotivas que a la gente le da por ponerle a los muertos – y que en realidad las escuchamos los vivos-, como si quisieran aumentar el dolor. Trataba de imaginarme dónde es que se va todo cuando uno se termina; tanto recuerdo, amor, sentimiento, lágrimas, hasta las trancas y los problemas. Porque eso del ‘que en paz descanse’ lo encuentro una soberana lata. Porque sólo imagínenlo; o sea está muy bien eso de la paz, pero dentro del contexto de eternidad, yo al menos espero otro tipo de estados además de ese.

Así que bueno, definitivamente, ando como el Luchito Jara esperando un golpe de suerte (o unos buenos bombones), claro que eso de despierto no sabría si tanto, porque no he conseguido dar vuelta mi reloj biológico y convencerlo de que las mañanas son maravillosas (en realidad ese es un problema de nacimiento, una de las luchas de mi vida).

Al final, algo se podía rescatar del cándido Forrest, que a pesar de las pruebas-bombones que le ponía la vida, bien crueles algunas, él, bien digno, seguía adelante a punta de esfuerzo y unas ganas que bordeaban el absurdo… hasta la campaña del ‘piensa positivo’ le hubiera quedado chica. Y a pesar de la guerra, la muerte, las cartas sin responder, la distancia, etc. él dale que dale.

Por ahora, seguiré con la porfía y la fuerza de mi antihéroe momentáneo, a ver si la caja de chocolates se reconcilia conmigo, a ver si aprendo a escoger, a ver si me pongo a correr quién me va a parar... o quien va a correr conmigo.

Arrogante y Pretenciosa

por PRI ARMSTRONG

[publicado en galeón en enero de 2006]

Así es. Esos fueron exactamente los calificativos que me dio uno de mis queridos lectores.

Cierto día, abro mi mail y me encuentro con un correo de una persona desconocida y cuyo asunto era ‘La columna de Pri’. Rápidamente hago click sobre él y comienzo a leer emocionada. Me había llegado un comentario de alguien que no conocía.

Debo decir que al terminar quedé con la cara igualita a ese monito de messenger que mira perplejo con ojos de huevo frito. ¿Quién demonios era esta persona que me destruía con su crítica? Estaba algo irritada. Acto seguido, llamo al dueño de la página para primero, alegarle por su idea de poner mi mail en la página y segundo, para investigar quién era este individuo y llegamos a la conclusión de que no lo conocíamos; Denis no lo podía encontrar más bueno y divertido: ‘estás provocando algo, ¿entiendes?’. Desde ese punto de vista sonaba bien. Pero seguía picada.

Entonces llamé a algunas otras personas para salir de mi confusión mental; llegué a pensar que mi lado del cerebro que identifica el bien del mal, lo malo de lo bueno, estaba fallando. De lo que sí estaba segura era de que eso no era nada bueno.

Después de releerlo y digerirlo algo más, ya me daba risa y lo aceptaba. Me habían dicho hartas cosas en mi vida, pero esto me superaba porque más encima ni conozco a este personaje, lo que además hace que no sea algo personal en contra mía, como el mismo lo declaró.

Entre los alegatos estaban cosas tales como que estas líneas de escritura, a mi anti-fan, no le gustaban en absoluto pues no le aportaban nada de nada, que no estaba pensando en el contexto en el que publicaba, que mis relatos no eran conectables con ningún evento de su vida y por supuesto que yo era arrogante y pretenciosa, entre otros.

Lógicamente estos alegatos quedaron dando vueltas en mi cabeza, siendo materia de análisis por varios días. Y llegué a las siguientes conclusiones:

- El concepto de ‘columna’ puede revisarse en cualquier revista del mercado. ¿Conocen a la Consuelo Aldunate con su ‘31’? ¿O a Marcelo Birmajer en ‘La mente del hombre casado’? ¿O a Fuguet? Es gente que habla de algún evento en sus vidas que ha detonado una reflexión o sentimiento, sea ficción o realidad. Recuerdo uno de Birmajer en el que hablaba de lo complicado que era para los hombres comprarse ropa y el bochornoso termino de uno de sus intentos por hacerlo. Me reí horas. Por lo tanto en cuanto al tema, respetable público lector, si a alguien le queda, que se lo ponga. Esto es lo mismo, pero en una página web y con el sello de Pri. O sea, tan perdida no estoy. Punto para mí.
- Si lo que yo o alguna otra persona dice no es del interés de otra, no es de sorprenderse, imposible sería que a todos nos gustara algo; algunos nos harán pensar, otros llorar, filosofar, reír, o disgustarnos con lo que estamos leyendo. Lo desastroso sería que nos dejara indiferentes. Segundo punto para mí.
- El espacio donde uno publique su trabajo y contenido, es asunto de ese mismo personaje y, en este caso, del dueño de la página. Esta es una página de temas audiovisuales, cine, arte, literatura, etc., dentro de la cual existe una escritora entrenándose, va de cajón. Punto para Denis.

Pasemos ahora al caso de la palabra ‘arrogante’. Según el diccionario de la R.A.E., la definición cuenta entre los sinónimos, las palabras ‘valiente, alentado, brioso, gallardo, airoso’.

Después de la afirmación del concepto, pensé que es una característica que me pertenece totalmente y que, por lo tanto, lejos de molestarme, me asentaba perfecto. En el contexto de esta columna, tuve que ser bastante valiente para presentar parte de mi vida y la forma en la que la expreso mediante las letras. Al igual que alentada, gallarda y briosa, para seguir con la tarea aunque sea, mes a mes.

En el mismo diccionario, la palabra ‘pretencioso, a’, se presenta como alguien que ‘pretende ser algo que no es’. Nuevamente, me identifico. Positivamente, eso es lo que estoy tratando de ser, algo que no soy aún y que estoy intentando mediante mi trabajo, ser escritora o por lo menos una persona realizada.

Por lo tanto, en algo me ha identificado, Señor. Lo felicito. Jamás olvidaré sus palabras. Me ha ayudado a entrenar mis pensamientos y reacciones y a reforzar mi lado ‘smile’ que saca lo positivo de todo, o casi. Y quise compartir este nuevo hito en mi vida con quien lea esto, porque me parecía transparente mostrarles la opinión de otros, aunque venga con defensa incluida; en alguna medida están siendo testigos de mí.

En consecuencia, mi mail sigue abierto a todos ustedes para que hagan sus magníficos comentarios sobre mi maravillosa columna. Muchas gracias y Feliz año 2006.

Post parto, post Vilches

por PRI ARMSTRONG

[publicado en galeón en diciembre de 2005]

- Pri ¿Qué onda? ¡Te llamé hace 20 minutos y estabas en tu casa! ¿Te viniste volando $#&%?
- Algo parecido, delirios de fórmula 1 de mi apoderado. Eliseo, una alpargata. Casi pierdo la vida por llegar al bus...
- ¿Y, nos mentalizamos ya?
- Ver para creer amigui. No he dimensionado.

Así me embarcaba hacia mi nuevo destino de monitora de tiernos niños de 6to básico, contratada por Proactio, la nueva empresa de programas outdoor para colegios y empresas que había descubierto mis talentos, pero que justo me tenía que destinar a la parte de los retoños.

Y ya que estaba en un cómodo asiento de bus, a la durma se ha dicho. Cuando logré reaccionar, estaba frente al refugio estrella, el Biota Maule, que más parecía una casita de chocolate en la mitad del bosque – como lo dijo un diario local- que el hogar de proyectos medioambientales. Me empezaba a gustar.

A la hora, cantábamos a grito pelado con el resto del equipo, abrigados hasta las orejas sin que ningún vecino viniera a reclamar por el ruido (nos separaban como mínimo 500 mts. Fantástico). Luego de eso, la noche estuvo media complicada porque todos descubrieron que yo hablaba durmiendo, y la Ana juraba que se la llevaban los ovnis, por lo cual no había caso que soltara mi saco de dormir.

Al día siguiente comenzaron los preparativos para la gloriosa llegada de los pequeños aprendices del bosque. Uno de ellos, fue salir volando de la casita de chocolate con todos nuestros pobres bártulos porque no cabíamos, pobre monitores; así que nos fuimos a un lugar que denominaré R, para no dejar mal a nadie. Llegamos a aposentarnos y ¡oh sorpresa! Si los hermanos guarenes no vivían ahí, era un milagro. Pa’ llorar. Bastó una mirada entre la Ana y yo para saber que como mínimo había que bañarse en cloro o en una maniobra de salvataje, pasar un par de esponjas con detergente, más otros productos varios de desinfección. Como yo y la Ani nos acomodamos en general a lo que venga, comenzamos con la tarea, cantando el himno del lugar, que rápidamente – obvio, la Ana- había elegido para las circunstancias: “A mí me gusta el tangananica, y a mí me gusta el tanganananáaaa...” gran éxito de 31 minutos. Y para que decir qué pasó cuando llegamos al baño... solución, su buen par de chalas y a cerrar los ojos frente a la fauna imperante.
Mientras estábamos en esta tarea, comenzábamos a idear las estrategias de domesticación a seguir para cuando llegaran nuestros queridos grupos. Y llegó la hora. Más bien la avalancha, porque esa masa que se bajó de los buses no parecía otra cosa. La cuenta iba más o menos así:

Niños: 80
Profesores de vacaciones: 5
Monitores, jefes y biólogos entrando en colapso: todos
Resumen: al tercer día nos queríamos matar
Frase para el bronce: “la contienda es desigual”. Grande Arturo, tenías toda la razón.

Niños urbanos indomables, resistentes a los encantos de la naturaleza, jornada laboral interminable (para evitar cualquier tipo de masacre, imposibles dejarlos solos), todo lo cual se manifestaba en las monitoras mediante un pequeño tiritón en el ojo, baja tolerancia hacia la autoridad (jefes), síndrome de abstinencia de nicotina, bajas expectativas de vida a corto plazo, conteo regresivo de días al estilo “preso”, probables acciones legales contra la empresa, formación de gremio y posible golpe de estado, entre otros.


La cabaña de BIOTA MAULE, centro de educación comunitaria, investigación biológica y turismo ecológico, en VILCHES, Región del Maule, aproximadamente a 50 kms. al este de la ciudad de Talca, Chile.
La cabaña de BIOTA MAULE, centro de educación comunitaria, investigación biológica y turismo ecológico, en VILCHES, Región del Maule, aproximadamente a 50 kms. al este de la ciudad de Talca, Chile.

Después del concilio entre obreras y patrones, pudimos llegar al acuerdo de que, en general, la gente necesita comer, ir al baño, dormir y esparcirse una media hora: después de eso, pura buena onda, recobramos los sentimientos y viva la amistad. La clave, reconocernos (todos) como seres humanos y unir las fuerzas para contener a los hijos del "reguetón". Hermoso. De esa forma, ya no llegaríamos a la noche con delirium tremens, pretendiendo que si apretábamos mucho el cordón del saco de dormir alrededor de nuestras caras, íbamos a parecer flores. Algo lindo que nos pasara en el día.

Una de las estrategias de contención para esto, fue instalar un correo del amor, donde desobediencia, gritos y lata se acababan frente a los nervios de recibir una que otra declaración de amor o amistad. Era cosa de agarrar el tarrito con las cartas, prender el micrófono y ponerse a leer las misivas, en su mayoría anónimas. Nos faltaron las puras alitas de cupido.

Desde esos días, a pesar de que gritaba como loca de la cabeza a toda hora para que mis niños ganaran algún punto en las competencias (otra estrategia principal para mantenerlos interesados), me di cuenta de que estaba aprendiendo. ¿Saben? Ya no es tan común tener ese sentimiento en positivo... yo ya sabía que me gustaban las plantitas, pero esto era amor. Biólogoman, Luis Valladares y biólogagirl, Anita Aguilera, eran mis nuevos ídolos juveniles. Más encima eran marido y mujer. Perfecto. Romantiquísimo. Unidos por la clorofila.

Aprendí, con todo el permiso de los ciruelos y plátanos orientales que reinan en la ciudad, que no hay como los coihues y los robles. El canelo, el avellano, el lirio del campo, la chaura, el michay, la zarzaparrilla, con el perdón de todas las plantitas decorativas de la capital, son maravillosas. ¿Han visto alguna vez un nido de picaflores? ¿Con ellos dentro? ¿Un insecto magnífico que se llama luma, que los coleccionistas pagan en dólares en internet y que nosotros, queridos compatriotas, tenemos escondido en el bosque? ¿Sabían que un guardaparques de la Conaf, sabe tanto como un profesor de la mejor universidad? ¿Se han dado cuenta de que fuera de Santiago hay casi un mundo paralelo, lleno de gente abierta y sencilla, de rastros de nuestros antepasados, sombras que miran, vientos que son respirados una y otra vez, aromas que siguen aturdiendo a los hombres, como aturdían a los primeros españoles, tal como lo dijo García Márquez en uno de sus discursos? Yo lo sabía. Pero no lo recordaba.

Creo que algo de todo eso lograron aprender los niños, que al fin se dieron cuenta de que esto no era un resort y que además de aprovechar el bosque, tenían más tiempo para conocerse entre ellos, llegando a llorar una tarde entera casi porque en cuarto medio no se iban a ver tanto como ahora, que manera de llorar Dios mío.

Y llegó el último día y siguieron llorando. Pero ahora porque en cierta medida los habíamos domesticado, igualito al zorro del Principito, porque sin darnos cuenta habíamos creado lazos. Eran bien difíciles, pero es inevitable no contagiarse de sus restos de niñez y volver a jugar y reír como si ninguna preocupación existiera.

Así que después de todo, además de pasar un tiempo en el Sur que ya es harto, aprendí muchísimo de plantas y primeros auxilios, conocí los cerros, hice nuevos amiguis y renové las energías. Ahora pienso que yo debería haber pagado por el famoso paseo. Está claro que así nunca voy a ser millonaria, pero al final, a quien le importa si en vez puedo vivir mi vida aprendiendo, amando, bailando, escribiendo; recibiendo lo que ella me quiera dar, incluso los miedos como el del otro día.

Gracias Pedrito y Gonza, jefes de Proactio, Ema, Andrea y Consu, monitoras amiguis, Seba y Javi, apoyo, Luis, Anita, Nayomi, Natasha, familia bióloga y mentores del Biota Maule, y, por supuesto, a mi partner de aventuras, Ani.

El futuro de Chile... y el mío

por PRI ARMSTRONG

[publicado en galeón en noviembre de 2005]

Desde que un día me dio por querer trabajar en algo que me gustara demasiado -algo medio difícil en mi poco cotizada área- he tenido puras pegas temporales, digamos pololitos en buen chileno. Algunos por decir, es lo que hay y otros que me han gustado mucho, pero son sólo eso, intensos momentos de realización personal que se van volando bajo mi melancólica mirada; a veces me siento como una especie de ‘cazadora de trabajos’, así como “Buffy la cazavampiros” o “Los cazafantasmas”, pero hasta sus oficios eran más estables que el mío (¿será realmente más fácil encontrar un par de gasparines o un drácula por ahí?).

El punto es que ha llegado a mí un nuevo tipo de actividad laboral, que de letras no tiene mucho, pero de naturaleza, harto. La Ana que no puede dejar de ponerle nombres a las cosas y/o situaciones que se le pasan por delante, lo denominó “la venganza scout”; la cosa es que después de haber logrado obtener un cupo dentro de la emprendedora empresa en formación para un viaje todo pagado ida y vuelta a Vilches city, como monitora de mil –digamos- niños de 6to básico, hubo una actividad así del tipo ‘conocimiento’ con el equipo de adultos responsables que iremos a cargo, en el nunca bien ponderado parque intercomunal, con su respectivo asadito y bebestibles.

Éramos un grupo de personas que en general nos habíamos visto una vez antes –nada- así que en la práctica era una amena junta entre desconocidos. FRIC igual. Por lo menos, pensaba yo, iba con la Ana, que a todo esto no puede dejar de decirle ‘Barney’ a mi recién estrenado encendedor morado, "regalo del que manda mis cuentos ala radio".

De entrada, llegar con cara de buena onda, así con disposición a hacer nuevos amiguitos de trabajo. Y empezó la actividad. Lo primero, presentarse delante del resto para que todos supiéramos quien recórcholis era él / la que teníamos al lado. Primer problema, porque para eso hay que plantearse la pregunta de quien es uno mismo digamos... segundo problema, me tocaba a mi primero. Obvio, empecé con las típicas pelotudeces de reina de belleza “me llamo Juanita, tengo 27 años, todavía vivo con mi familia, me encantan los animales y las actividades al aire libre” (hay que decirlo porque ese es el contexto para lo que me están contratando, entre otros claro).

Claramente no sabía qué decir; ¿qué es lo que la gente quiere saber de uno? ‘Hola a todos, soy una buena persona’ (en general, de eso me gustaría cerciorarme al respecto de unos cuantos) o tal vez ‘Hola, soy una histérica maniática’, que por suerte no es mi caso, pero sería re importante saberlo de alguien, para que uno después no diga que no se lo advirtieron y empiecen los problemas de convivencia; porque esto no es un reality donde uno agarra su maleta y se manda a cambiar ¡no! No se puede dejar abandonados a todos esos niños –digamos nuevamente- un poquito energéticos, huérfanos de monitora y provocar un desastre organizacional; además, quien sabe si después uno les deja un trauma psicológico por falta de preocupación y afecto provocado por un simple paseo…porque ustedes saben, los niños de hoy son tremendamente susceptibles o eso hacen los adultos que crean...

La otra opción era finalmente y en serio, explicar a qué se dedica uno en la vida – dato no menor, porque creía aún ni yo saberlo-. Paralelamente, mi cabeza seguía disparando asociaciones y me imaginaba dentro de una sala de algo así como alcohólicos anónimos explicando qué hacía ahí y quien había sido alguna vez. Ya. Ok. Le estoy poniendo color, a veces no lo puedo controlar.

Al grano. Sentía que lo más importante que tenía que tratar de decir, era lo que cuando uno es chico dice que quiere ser cuando grande, ahora concretado y me sorprendí declarando frente a un grupo de desconocidos –pausa, respiro- que quería ser escritora. Así no más, cara dura, corazón de león.

Fue bien fuerte, porque la verdad es que hace muchísimo tiempo que no decía eso con todas sus letras, aunque siempre suele ser el subtexto de algunos de mis discursos.

Al fin lo había dicho; comprenderán que no es en absoluto todo lo que soy, pero resumía una parte bien importante. A lo mejor como no los conocía, fue más fácil soltarlo, porque al final ellos ni se enteran de todos los años que me ha costado reconocerlo; uno es alguien nuevo, sin carteles colgando con la vida escrita, estilo ‘pri reloaded’ y tratando de que las características positivas sean bien notorias para poder seguir trabajando, porque todos sabemos que el pan hay que ganárselo... aunque de todas formas lo ‘no tan positivo’ se filtre igual (algunos días tengo problemas de sueño crónico pero, jefe, no se preocupe, nada que no pueda resolver un buen café).

Así que bueno, habría que ver cómo me va y si esto de la educación me reconquista; siempre con una opinión imposible de guardar, Ani opina que enterremos nuestros deseos más oscuros de negación de realidad escolar – docente (no ir), porque nos va a hacer bien dejar de ser unas mamonas sin paciencia con las criaturas que están desarrollando sus maravillosas etapas pre púberes y adolescentes, bajo nuestra mirada.

Pero la verdad es que eso todavía no me desvela, porque recién estoy retomando esto de las letras y asumiendo que de algo sirvo (esperemos).

Y a eso juego hoy, escribe lola escribe, y a ver cómo le hacemos para sobrevivir a este nuevo trabajo outdoor, al servicio de –digamos por última vez - ¿cómo es que les dice la Ana?... ah si, el futuro de Chile.

La frase célebre de hoy...

por PRI ARMSTRONG

[publicado en galeón en octubre de 2005]

Y dice: “Y hay mucha rabia suelta y angustia nena, y hay mucha mucha desesperación, la-puta-madre queee los remi-parió, por qué nos cueesta tanto el amooor”. Gran frase de, una vez más, el Sr. Páez. Una frase fuertísima, con garabato y todo; una exclamación de cuestionamiento, dolor, reclamo, llamado de atención, toma de conciencia. Es lo que yo me pregunto recurrentemente y lo que me imagino, muchos se preguntan también.

Y era lo que yo pensaba una noche después de una conversación con “el que no debe ser nombrado” (tipo Harry Potter, pero es para que después no me reclamen por usos de identidad), convertida en un verdadero marciano porque a pesar de todo el amor, al parecer sólo emitíamos sonidos desconocidos que no lograban comunicarnos, así como hablar en otro idioma; o puede que nuestras líneas hayan estado cruzadas o saturadas; lo bueno es que tenemos la voluntad de que eso no se transforme en la tónica.

Bueno. La cosa es que me puse a pensar en la historia de nuestras vidas a este respecto, y concluí –brillantemente- que no ha sido simple. Recordemos, por ejemplo, la adolescencia.

Con el reconocimiento de nuestro torpe cuerpo, los nuevos rasgos de personalidad, la aparente total incomprensión del mundo que nos rodea, las espinillas, un ramo rojo y la mala barra de algún profesor, teníamos bastante. Sumémosle a eso, el redescubrimiento del sexo opuesto, más allá de nuestros primos y primas y/o hermanos. Una gran aventura o un gran y rotundo desastre.

Para esto, comenzamos a entrenarnos: aprendemos a bailar (cómo bailar “lentos” y no morir en el intento), a vestirnos según algún parámetro que nos salvara de ser relacionados con lo nerd / perno / gil / asopado, lograr que nos sacaran a bailar o sacar a alguien, pertenecer al grupo top (grosso) del momento, relacionarse con las debidas influencias, ser parte de algún “junteo” y para ello conseguir el bendito permiso de los padres y apoderados. Acuérdense no más. ¿Todo para qué? Para conocer a quien nos interesaba y llegar a algo con él / ella, para reconocer los besos, los primeros toqueteos, recibir el osito de peluche y la carta de amor del primer mes (todavía no le hacíamos al mail). Pero en general, las hormonas centraban la atención en la misma persona aproximadamente tres o seis meses, cuando mucho. Luego la vista se posaba en otro objetivo. Y si a uno lo pateaban, lloraba un rato, se sentía el ser más desgraciado del mundo y terminaba autoconvenciéndose – con ayuda de las amigas – de que él se lo había perdido. Y a la carga de nuevo.

Ya en el nuevo gran mundo de la Universidad, la vista se regocijaba con el amplio mercado de posibles candidatos para divertirse, salir, andar y en un caso especial, pololear. Por otro lado, hay que andar preocupados de que estamos cien % seguros de la carrera que elegimos porque es nuestro futuro, del ramo que nos estamos echando, las fotocopias, los apuntes, las fiestas mechonas, etc. Y el gran tema de la primera vez - hablo en general, para muchos esto ya había pasado en el colegio tal vez – un tema horroroso por lo demás, porque todavía no conozco a nadie que me haya dicho que haya sido igualito a sus sueños ideales. Desde allí pasamos al tema del sexo, ingrediente que se suma a los requisitos de “encontrar a ese alguien”, pues todos sabemos lo importante que es en una pareja para estar unidos, felices, vitales y sin mirar para el lado.

Me parece que las relaciones que empezamos a entablar en esa época, buenas o malas, nos enseñaron en alguna medida que el amor ya no era tan fácil como parecía, e incluso pudimos entender algo de los problemas de nuestros papás; comenzábamos a tener más claro qué era lo que queríamos para cuando fuéramos dos. Viviendo dentro de este contexto, fue cuando una de mis amigas (una vez más no voy a hacer referencias directas porque, repito, hay gente que se ofusca), me contó que había estado pensando por la cantidad de hombres (o mujeres en cada caso) y besuqueos por los que uno pasaba antes de quedarse decididamente con alguien; que lo encontraba tan básicamente animal, que hasta le había dado un poco de asco de sí misma, porque lo había hecho como cualquier otra persona. Y le encontré algo de razón. Era lo que yo pensaba algunas veces cuando me paseaba por las fiestas y veía a gente que ni se conocía o ni se gustaba, agarrando como si el mundo se fuera a acabar. Claro, puede que se pase bien, pero si se analiza con altura de mira, no es tan raro pensarlo de esa manera.

Y así, mientras encontrábamos “ojos que aprendan a mirar, labios que quemen, sabios que enseñen a besar, delirium tremens”, como dice el genio de Joaquín Sabina, viva la vida, los viajes, los amigos, el carrete. No es malo.

Salimos de la U. Y al mundo laboral se ha dicho. Supongamos que por fin estamos poniendo en práctica lo que queríamos ser. Bienvenidos al mundo adulto y a todo lo que sabemos que esto implica: preocupaciones, cansancio, compromisos, un poco menos de carrete o aguante y mil etcs más. Tal vez un proyecto de vida más definido para acordarnos de qué es lo que estamos buscando.

El problema en este punto es (hablo por mi género, lo siento pertenezco a él) que cuando las mujeres pasan la barrera de los 25 años, se transforman automáticamente en los enemigos por excelencia de los hombres de esa edad para arriba (comentario aparte, me parece que muchos de ellos al ir cumpliendo años involucionan). Y claro, a las mujeres se les va el tren, mientras que los hombres se convierten simplemente en ‘solteros interesantes’, obviamente codiciados por todas aquellas que corren tras el tren. Pobrecitos ellos que quieren ser “caZados” por las mujeres, que según la mitología masculina, son unas brujas que andan con el vestido de novia en la cartera ¡corre que te pillan! Por favor queridos y queridísimas, la época de las cavernas y la caza ya pasó. Hay hombres y mujeres para todo, uno sabe con quien se mete ¿O no? Y al final si hemos encontrado la combinación que más nos ha gustado y estamos felices y/o enamorados ¿Qué tanto con pololear, vivir juntos o casarse? Aunque me parece, según otras declaraciones, que en estos últimos casos, más que decidirse, se siente... porque a lo mejor lo que quieres para tu vida ya no es dormir en otra cama y despertar solo (y bueno, compartir las cuentas...).

No, en serio; el mundo está cada vez más lleno de personas tristes, frustradas y tremendamente solas, con relaciones que les pesan más que la conciencia y para las cuales ya no funciona ni el lenguaje a señas para comunicarse. Ojalá jamás dejáramos que las cosas llegaran a ese punto tan destructivo, pero a veces pasa. Por lo menos se aprende. Entonces, juguémonosla entera por el otro al que queremos, dejemos de temer, y si nos sentimos cerca de alguien abramos la oportunidad para que quieran “ver nuestra risa, besar nuestra boca y arrancar el diablo de nuestro corazón”, como dice más o menos, la otra parte de la misma canción de Páez.

Amor, amor, derechos de autor

por PRI ARMSTRONG

[publicado en galeón en septiembre de 2005]

Estaba todo bien: el lugar, la música, el vino que elegimos. Por fin podíamos vernos después de una larga semana. Todo muy bien, hasta que dijo que había mandado uno de mis cuentos a un programa de radio. Desde ese segundo, la copa de vino que tan delicadamente me había llevado a la boca para degustar la velada, se convirtió en un popular fanshop que me tragaba, a ver si podía decodificar las palabritas que me estaban llegando al oído.

- ¿Te enojaste? ¿Te debería haber preguntado?

Silencio total. (Yo en una lucha contra mi monstruo interno).

Miradas asesinas.

- Sí, me deberías haber preguntado.

- Es que si te hubiese preguntado, me hubieras dicho que no.

- Probablemente.

Desde el instante en que supo que yo a veces escribía, sumó a sus objetivos en la vida mi lanzamiento a la fama y, desde entonces, de repente le baja la furia de manager. Anda a explicarle que uno quiere pensar bien qué va a hacer con las cosas que ha logrado terminar, “para seguir el proceso interno que fluye y que en su tiempo llegará a dar frutos...” (puras mentiras, pero hay que inventar algo para no decir tan explícitamente que, a ese respecto, “miedo” es el segundo nombre...) y, por último, para rematar la defensa, que uno como “autor” mañoso y autocrítico, quiere y tiene todo el derecho a elegir qué cosa quiere mostrar.

Más encima ¿Si no sale?

24 horas después, con la idea más digerida, tuve que darle las gracias por preocuparse tanto por mi vocación literaria y reconocí otra de las tan diversas manifestaciones de amor de las personas.

La verdad es que no me preocupé mucho por escuchar el famoso programa, hasta que un día sí me preocupé y me metí a la página de internet para ver si, por si acaso, quizás, tal vez, saliera el relato de la discordia. Mientras la página se cargaba, lo primero que me recibió fue la maquiavélica sonrisa de Marco Antonio de la Parra, explicando un poco más abajo su genial programa y los horarios, la forma cómo había que mandar los textos Y LA ADVERTENCIA DE QUE AL ENVIAR EL CUENTO, EL AUTOR CEDÍA LA PROPIEDAD INTELECTUAL A RADIO DUNA (¡?).

Rayos y centellas... amor, amor, había regalado gentilmente a la humanidad, mediante la anteriormente nombrada... %$/& radio... la historia que mis neuronas, mediante repetidos y penosos procesos de sinapsis, había concebido.

Otra posesión demoníaca que afortunadamente para él, contuvo un queridísimo amigo. Pobre.

A ver. Lo sé, lo sé. A quién le importa todo eso más que a mí... es sólo la sensación de haber regalado algo que no quería regalar o de rabia por la no lectura de la letra chica, de parte de mi ansioso y querido ‘manager’. Por otro lado, lo encuentro una tamaña patudez de parte de la famosa radio. Pero el hecho se había consumado. Así que ni siquiera se lo dije, para que no se sintiera mal y para que no dejara de hacer cosas “por amol, Chico”.

Todo iba bien, hasta que en un tipo de circunstancia que no viene al caso describir, donde supuso que el enemigo – yo - estaría débil y bajo de defensas…

- Oye Pri…

- ¿Qué…?

Suspiros.

- Te tengo que confesar algo…

- ¿Cómo…?

- Es que hice algo…

Silencio. Como sea, trato desesperadamente de desarrollar en un segundo el don de la clarividencia, para encontrar lo antes posible la situación que corresponda a la frase “te tengo que confesar algo”...

- … ¿Algo como qué?

Tensión de músculos. El corazón ya no late, zapatea.

Resultado de mis visiones:

a) pensé y estoy confundido

b) no sé qué me pasa

c) lo decidí, me voy a Australia

d) el fin de semana fui a… y…

Fin del momento romántico.

Y me suelta un “mandé otro cuento a la radio, jijiji”.

Al mismo tiempo en que me sentía aliviada por el descarte de “e) todas las anteriores”, entendí lo que me estaba diciendo, y no lo podía creer. Había usado uno de los cuentos que le había pasado para leer hace tiempo atrás, el cual se dio la reverenda lata de transcribir, para que don Marco Antonio lo leyera ante su público.

No fueron diez, fueron como 50 los números que conté mientras igual se me desbordaba el instinto asesino que trataba de explicarle qué era eso del derecho de autor. “¿Sabes que más?, no hago nunca más nada. No me voy a meter más”. Y claro, ahí todo se dio vuelta, porque yo me sentí tremendamente mal agradecida e insensible ante sus demostraciones de preocupación y ternura. Y de nuevo terminé dando las gracias, más tarde que temprano.

Ahora quedamos en que vamos a tomar esas decisiones a medias (para tratar de atajarlo un poco y ampliar el espectro de difusión, porque después descubrí que quería mandar otro más y tampoco se trata de lograr el monopolio de ese espacio de radio); por mientras, estoy aprendiendo a descifrar sus formas de quererme, de ayudarme... y al final por eso lo quiero, pero, amor amor, antes de los derechos de autor, te regalo mejor los derechos sobre la autora.